Germinal o las condiciones de trabajo en la Francia Imperial

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Para hablar de la historia de las relaciones laborales y el surgimiento del derecho del trabajo nada mejor que recuperar los testimonios de quienes vivieron la revolución industrial y el origen del movimiento obrero del que surgirían las primeras normas de protección y defensa del trabajador.

Durante el primer trimestre leímos en el aula pasajes de la novela de Emile Zola, "Germinal", haciendo especial hincapié en las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores de la minería durante las últimas décadas del Siglo XIX.

Galerías a más de 500 metros de la superficie con filtraciones de agua por las paredes de la vena horadada a pico y pala; con humedad, lodo, temperaturas de hasta 40 grados, sin corrientes de aire ni oxigeno, con los mineros tumbados de costado en un escorzo constante, introducidos en huecos de 50 cm de diámetro, con el cuello retorcido, los brazos alzados y golpeando sesgadamente con el pico de mango corto, con gruesas gotas golpeando el rostro, con constantes fugas de grisú, con entibaciones negligentes, con un birrete de cuero a modo de casco de protección.

El resultado era una población enferma por el asma, los problemas osteoarticulares, la silicosis, la ceguera de los mineros –nistagmus-, antracosis, reumatismos, anemia, escrófulas, bronquitis…


Asimismo, los alumnos rescataron del texto algunas frases que consideraron significativas sobre las condiciones de vida de los protagonistas:

“¡Si encima comiéramos siempre pan sería demasiado hermoso!”.

”No debemos quejarnos, no todos tiene un trabajo de muerte”

”Los abuelos no habrían podido firmar con su nombre, los padres ya lo hacían, y los hijos leían y escribían como profesores”

Por último se proyectaron varias escenas de la película que Claude Berri realizó en 1993, adaptando la novela de Zola. Entre ellas aquella en la que Ettienne Latier, cabecilla de la posterior huelga que convocarán para mejorar sus condiciones los mineros, llega al poblado tras ser despedido por agitador y anarquista en su anterior trabajo y se encuentra con el anciano Buenamuerte, quien lleva 50 años trabajando en la mina.

La escena, que recrea perfectamente la vida en una mina, habla por sí sola:



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